¡Aleluya! por Fernando Sánchez Dragó

Y alabado sea el Señor… Las campanas tocan a rebato y a gloria. Saben, además, a ella. Acabo de enterarme por este periódico, que corre que se las pela y siempre se adelanta a todos, de que el destronado monarca de la Moncloa se ha avenido, por fin, a razones y a presiones, ha escuchado el clamor del pueblo, ha obedecido a Rubalcaba, se la ha envainado por enésima vez después de andar diciendo a troche y moche –mentiroso siempre… es su naturaleza– que agotaría la legislatura y ha puesto fecha a la única operación quirúrgica que quizá salve, in extremis, a un país que agonizaba.

Pero no termino de creérmelo… Mayormente, por la fecha.

Me llama un amigo. “¡Pon la tele!”, me dice. “Está compareciendo Zapatero”. Lo hago. Llego tarde. Ya ha debido de dar el notición, porque ahora, sacando pecho, se dedica a desgranar las naderías de costumbre. Su optimismo antropológico y patriotero no cesa. Todavía hay crisis, asegura, pero va quedando atrás y estamos en el buen camino. Sin comentarios.

Resisto. El señor del castillo monclovita de ‘Te Irás y No Volverás’ deja de decir mentiras y anuncia la fecha en la que el país bajará al quirófano. ¿He oído bien? ¡Será el 20 de noviembre! Confirmado y pasmoso. Apago la tele, abro la nevera, descorcho una botella de Moet&Chandon (¿cuándo, si no?), me sirvo una copa y corro hacia el ordenador para teclear estas líneas con burbujas en la sangre.

¡Si ya lo decía Mahoma! Siéntate ante el televisor y verás pasar el cadáver del enemigo público número uno.

Aseguraba Caro Baroja que los fantasmas expulsados por la puerta vuelven a entrar por las ventanas. Este país es como un pollino ciego que tira de una noria cuyos cangilones siempre vuelven a las mismas fechas y a las mismas obsesiones.

Asombroso fue que Tejero entrara en el Congreso pistola en mano y tricornio en chola el mismo día del mismo mes –un 23 de febrero– en que el general Pavía irrumpió en las Cortes, para disolverlas, a lomos de un caballo blanco.

Asombroso es que El País y Cebrián clavaran el pasado 18 de julio -¿les suena esa fecha?– un rejón de muerte en el hoyo de las agujas del político que ahora está punto de ser devuelto al corral.

Asombroso es que Franco y José Antonio –nada que ver el uno con el otro– murieran el mismo día. Asombroso es que Felipe González veranease a bordo del Azor.

Y megaultrasuperasombroso y califragilísticoespiralidoso es que Zapatero fije ahora las elecciones, teniendo treinta días y muchos más a su disposición, el 20 de noviembre.

Razonemos… Rubalcaba (Mary Poppins) nunca deja cabos sueltos. Su intención es la de trasladar subliminalmente a los españoles el mensaje de que, si lo eligen, la fecha en la que tamaña catástrofe suceda significaría para el país lo mismo que en 1975 significó la de la muerte del Caudillo.

Magia negra, señor@s (diría el candidato para apostar a pelo y pluma de indignados y resignados). Llamemos a un exorcista. Yo, de momento, me sirvo otra copa.

Leído en El Mundo

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