El héroe de Macharaviaya

Bernardo Gálvez, nacido en un pueblo malagueño, fue fundamental para ayudar a los americanos a librarse de los británicos; en EE UU lo veneran, aquí, es un gran desconocido.

Para quien no conozca la provincia de Málaga, este nombre le puede sonar a ciudad de los americanos trópicos, pero no es así. Macharaviaya es un precioso pueblo en la comarca de la Axarquía, muy cerca de la capital y de la costa malagueña, cuyo nombre, de procedencia árabe se debe a la instalación de una alquería en la que la familia de Abu Yahya, cultivaba tierras y criaba ganado en la época de dominación musulmana.

En árabe, alquería se dice “mashar” que, unido al nombre del propietario, conforman el nombre del lugar: Mashar Abu Yahya, de donde se descompone fonéticamente en Machar-av-iaya.

Bernardo de GalvezPues bien, en ese pequeño pueblo que actualmente cuenta con poco más de 360 habitantes, nació, el 23 de julio de 1746 y en el seno de una distinguida familia militar, Bernardo Gálvez y Madrid, conde de Gálvez, vizconde de Galvestón y, sobre todo, héroe de la Batalla de Pensacola.

Con sólo quince años, ingresó en la Academia Militar y, ese mismo año, se presentó voluntario para participar en la llamada Invasión de Portugal, acción militar que ha pasado por la historia sobre ascuas, pero que constituye un hito importante dentro del contexto de la Guerra de los Siete Años. A esa invasión se la conoce como la Guerra Fantástica, pues fue una guerra sin batallas y en la que las tropas españolas llegaron hasta las puertas de Lisboa sin que se les hubiera ofrecido más resistencia que algunas escaramuzas guerrilleras. España y Francia habían exigido a Portugal que se adhiriera al llamado Pacto de Familia de los Borbones, firmado contra Gran Bretaña. Al no avenirse, fue invadido el 5 de mayo de 1762 por fuerzas españolas concentradas en la provincia de Zamora, que entraron por el norte tomando Miranda do Douro, Braganza y bajando hacia Lisboa.

Portugal y su eterna aliada, Gran Bretaña, se dispusieron a defender la capital, pero en noviembre de aquel año se firmó en Fontainebleau un acuerdo entre los países beligerantes para suspender las hostilidades hasta que se firmase la paz definitiva. Así que, después de haber casi conquistado Portugal, las tropas españolas salieron por el mismo camino por el que habían entrado.

Esta guerra supuso para Francia la pérdida de sus colonias en América que ya quedó claramente dividida entre las hegemonías de Gran Bretaña, al norte de la frontera de México y España, cada vez más debilitada y que como compensación por haber entrado en la guerra sin desearlo, recibió de Francia el territorio de Luisiana.

En 1770, el teniente de infantería Gálvez se marcha a las Colonias, concretamente a Nueva Vizcaya, la primera provincia que se funda al norte de México.

En aquellas tierras combate a los apaches, amenaza constante de la zona, a los que persigue por el desierto en unas condiciones durísimas, tanto, que sus soldados estuvieron a punto de una sublevación y en cuyas refriegas fue herido tres veces.

Años más tarde, es nombrado coronel del regimiento de Luisiana, un territorio inmenso que llegaba desde el Golfo de México hasta Canadá.

El 1 de enero de 1777 fue nombrado gobernador interino de Luisiana y desde ese mismo momento se convierte en un tormento para los ingleses que en aquella zona se dedicaban a toda clase de actividades ilegales, desde la venta de esclavos, pasando por el contrabando de mercancías, hasta la piratería y el corso.

Su actividad más importante es la fundación de ciudades para reforzar las fronteras que, desde la rebelión de las colonias americanas contra los británicos, adquirían gran importancia porque el Gobierno español estaba por apoyar a los colonos independentistas frente a su eterna enemiga, Gran Bretaña.

Funda Nueva Iberia, actualmente New Iberia y Ciudad de Gálvez, conocida hoy en día como Galveston, el mismo nombre que le pone a un bergantín de su propiedad con el que realizaría la hazaña más importante de su vida. Después del éxito rotundo que para los colonos supuso la Batalla de Saratoga, Francia y España, al advertir el momento de debilidad británico y la posibilidad de recuperar territorios perdidos, se aprestaron a declarar la guerra al enemigo de siempre.

Gálvez, con su ejército de apenas 700 hombres, se apresura a tomar posiciones en toda la zona del río Mississippi, desde donde los ingleses hostigaban constantemente y en un alarde de táctica e ingenio militar, se sitúa tan estratégicamente a ambos lados del río que los ingleses tienen que retirarse. Estos fulgurantes triunfos le valieron el ascenso a mariscal de Campo, cuando contaba 33 años de edad.

Pero en la Luisiana quedan aún dos bastiones británicos muy importantes y se hace preciso tomarlos. Son las ciudades fortificadas de Mobila y Panzacola, actualmente Mobile y Pensacola.

El 14 de julio de 1780, consigue tomar el fuerte Charlotte y capturar a toda la guarnición de Mobila, aunque queda el reducto más importante y poderoso: Panzacola.

Situada estratégicamente en la costa occidental de Florida, se encuentra a orillas de una bahía interior a la que se accede por un angosto canal que forman la isla de Santa Rosa y la tierra firme y que estaba reciamente protegido por el fuerte de Barrancas Coloradas.

Las tropas de infantería desembarcan en la isla y consiguen tomar el fuerte, pero desde tierra firme los hostigan e impiden el desembarco definitivo. Para atacar la ciudad era preciso que la flota atravesase el canal y apoyase con su fuego el avance por tierra.

El buque insignia de la flota española, el San Ramón, intentó cruzar la barra a la entrada del canal y encalló, haciéndose muy laboriosa la operación para sacarlo a alta mar, por cuya razón el capitán del barco se negó a intentarlo de nuevo, aun desobedeciendo las órdenes directas que le daba el mariscal Gálvez.

Ante esta actitud, Gálvez le envía una nota que se ha hecho famosa y que decía: “Una bala de a 32 que le envío y presento, recogida en el campamento, es de las que reparte el fuerte de la entrada. El que tenga honor y valor que me siga. Yo voy por delante con el Galveztown para quitarle el miedo”.

De inmediato, Bernardo Gálvez, a bordo de su bergantín, comenzó a navegar rumbo a la entrada del canal. También de inmediato, la artillería inglesa abrió fuego sobre el Galveztown que siguió su rumbo impertérrito y sin que ninguno de los 28 cañonazos que desde tierra contaron, hubiese alcanzado el blanco.

Cruzar al otro lado del canal supuso una hazaña de gran envergadura, pues fue el acicate que la escuadra necesitaba para lanzarse a la misma aventura que su mariscal. Desde tierra vitorearon la hazaña y dieron alas a los navíos para lanzarse tras el Galveztown.

Una vez la flota estaba dentro de la bahía se desembarcó a la infantería y comenzó el asedio de la ciudad que duró 50 días.

Las dificultades eran muchas, pues las fuerzas estaban muy igualadas, teniendo los ingleses la ventaja de encontrarse tras las fortificaciones que defendían la ciudad. Gálvez pedía auxilio desesperadamente, comprendiendo que de tardar demasiado tiempo, no podrían soportar la situación porque comenzaba a escasear de todo.

Desde La Habana se puso en marcha una flotilla de refuerzo con suministros y armas y desde Mobila, recién tomada y a marchas forzadas, sus seiscientos defensores se presentaron en el escenario de los combates en Panzacola.

Por fin, el día 8 de mayo 1781, los británicos se rindieron, cayendo prisioneros más de 1000 soldados y ocupándose 150 piezas de artillería de diversos calibres.

Por esa valerosa acción, Gálvez fue ascendido a teniente general y el rey Carlos III le concedió el título de conde de Gálvez y el emblema que dice “Yo solo”, para su escudo de armas.

El día 3 de junio de 1976, Juan Carlos I, rey de España, hizo entrega, a la ciudad de Washington, de una estatua del insigne héroe que los colonos americanos estimaban hasta el extremo de reconocer que sin su ayuda, no hubiera sido posible la victoria en la Guerra de la Independencia.

JOSÉ MARÍA DEIRA (COMISARIO Y ESCRITOR).

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