Clemen y Tina

La media naranja
( Elena Ferrándiz)

Que fue de un naranjo, que no fue de un guindo de donde cayó Tina una mañana de frío. ¡pero le dolió lo mismo! Y a pesar del susto no se puso blanca porque para eso era una naranja. Más sola que la una, para sentirse entera sintió que le faltaba su alma gemela. Sea como fuera estaba dispuesta: tenía que encontrar su pareja perfecta. Buscó naranjas hasta en la china, hilando sus sueños con hebra muy fina. Cuando menos lo esperaba lo divisó en una rama del mayor árbol del parque, estrellitas en la frente parecía que tenía al decir su nombre: ¡Clemen!

No necesitó de pértiga, ni tampoco de escalera para subir donde estaba, porque le salieron alas y a su lado se quedó colgada. Y desde ese instante al hacer la suma de las dos mitades, daba siempre una.

Aunque encajaban en todo, Tina no hallaba el modo de separarlo del árbol y llevárselo a otro lado. Clemen siempre le decía que no estaba seguro, que aunque la quería no estaba maduro. Y llovían palabras, y llovían besos y ella esperaba calándose hasta los huesos.

Y tenía que suceder: cuando menos lo esperaba, él se cayó de la rama. Ella lo fue a recoger con una maleta blanca y se lo llevó a su casa.

Tina se fue a la cocina y trajo un exprimidor. Y sin que le diera tiempo mientras él le daba un beso ella fue…y lo exprimió.

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